No hay
nada más bonito que,
cuando tú y yo,
nos sentamos a hablar.
cuando tú y yo,
nos sentamos a hablar.
Desde fuera, quizá, pueda parecer una cosa normal,
pero,
para nosotros,
es como un
acto sexual.
Un ritual.
Las
palabras,
creándose,
ejecutándose en nuestras jóvenes gargantas,
luchando por
salir,
atropelladas,
pero claras,
dando
forma a una conversación
que podría
durar milenios.
Así es
nuestra relación.
Un
torbellino de conversaciones que,
normalmente,
se prolongan durante la
madrugada.
Que nos
quitan el sueño, para hablar de los nuestros.
Que nos
hacen llorar, por creer que no los alcanzaremos jamás.
Y,
tiempo
después,
cuando
estamos rozando esas metas,
que creíamos imposibles,
con la punta de nuestros
dedos,
recordamos
esas charlas íntimas y,
Agradecidos,
no podemos
más que hacernos el Amor
y sonreír a
la Naturaleza por tenernos.
No somos
un ejemplo de Nada,
pero,
para ti,
para mí,
lo somos
Todo.
Y con eso
basta.
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