Llega un momento en la vida
en el que las musas te visitan
te susurran, te gritan,
aunque no creyeses en ellas.
Un punto y seguido en el que
encuentras la flecha que
te indica la dirección
a seguir, presuntamente.
Llega un momento en la vida
en el que vas descubriendo
quién eres
para quién eres.
Y llegas
a la conclusión
de que
primero
eres para ti mismo.
No para nadie.
Y llegas
con la sospecha
de que
hacía mucho tiempo
que no eras para ti.
Solo para ti mismo.
Y es que
no hay más miedo
que el que produce
quedarte contigo.
A solas.
Y es que
no hay más miedo
que el que produce
pensar en ti.
No en nadie.
En ti.
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