Espíritu
salvaje
que hablaba
con susurros.
Espíritu
infantil
que gritaba
en sueños.
Con alas.
Sin cortes.
Espíritu
libre
que es el viento
en tu cara.
Espíritu
de fuego
que calma
tus quemaduras.
Con las suyas.
Sin mirar.
Espíritu
de ave migratoria
sin abandonar
el nido.
Espíritu
que se quedó
a vivir
en tu ombligo.
Con las ganas.
Sin huir.
Espíritu con alma
de cien caballos salvajes
que corren por la pradera
y sueñan.
Espíritu con abrigo
y un corazón en la cartera.
Para pagar todos sus vicios.
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