Los fragmentos de memoria
se entrelazan en la mente.
Gritan y ríen.
Con los ojos brillantes.
Austria corre,
cierra los ojos
y la ve.
Vuelve
dos siglos atrás
y se acuerda
de las lágrimas que
bañaban sus mejillas.
El vacío que
amenazaba con
arrancarle la piel
a tiras.
El puño en el estómago
esperando,
esperando,
esperando.
El puño en el estómago
luchando
con una realidad que
no vivía desde la última vez
cuando su vida estaba deshecha
y su alma era un burdel.
El puño en el estómago
cada día
cada despedida.
Austria corre
e Italia, confiada,
sonríe
bañada por el Sol.
Ahora sí.
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